17 de mayo de 2013

LA 12: La causa por la asociación ilícita avanza

La causa por la asociación ilícita avanza: además de la cúpula de La Doce, el juez imputó a cuatro policías.

El fuego mediático se apagó tras la salida de prisión de Pablo Migliore, pero en el Palacio de Tribunales la causa contra la barra de Boca avanza a pasos agigantados. Y trae una sorpresa tras otra en lo que se dio en llamar en el proceso, la red de protección al barra: además de toda la cúpula de La Doce, ahora quedaron imputados como miembros de la asociación ilícita cuatro policías de la Federal, sospechados de darle cobertura a los barras para cometer sus ilícitos. Los uniformados ya fueron separados preventivamente de la fuerza tras la intervención de Asuntos Internos y a uno de ellos, llamado Vocco Giménez, quien ya había estado involucrado en otras causas de la barra en tiempos de Di Zeo, le rechazaron un pedido de eximición de prisión, por lo que su panorama se presenta, cuanto menos, complicado. Y no es la primera causa en que hay hombres de azul implicados con barras: está a la espera de juicio oral un proceso por cohecho entre Maximiliano Mazzaro, un ex comisario de la 24 y un hombre de la división Eventos Deportivos, por compra de protección, y también hay otro juicio a la espera contra cuatro efectivos por liberar la zona para que los barras se apoderaran del estadio el día que Boca jugó contra Atlético Rafaela en el Apertura 11. La investigación por la asociación ilícita desplazó, además, al caso por el homicidio de Ernesto Cirino, que para el juzgado cinco está resuelto, y el encubrimiento, hecho por el que estuvo preso Pablo Migliore. De hecho, el abogado de éste, Oliver Tezanos, presentó un pedido para que se separen las causas, lo que se resolverá en las próximas horas. Y contra lo que la mayoría cree, la causa por la asociación ilícita no se fortaleció tras la declaración del arquero, sino que tal como publicó en su momento Olé , fue requerida por el fiscal Andrés Madrea hace dos largos meses. Desde ese tiempo, se intervinieron más de 100 teléfonos de barras y allegados y algunos hablaron más de la cuenta. “Todo empezó por el crimen. Pero si Mazzaro se hubiese entregado, no habría nada. Al estar prófugo se pincharon los teléfonos y ahí se obtuvo la información para ir por todo”, le dijo a Olé una fuente de la investigación. Ese ir por todo tiene en la mira a quienes hoy se paran en el paraavalanchas. Luis Arrieta y Fido Desbaux, que quedaron como capos, pero también a sus laderos Cacho Otazú, Carlos Garro, Carlos Santa Cruz, Raúl Armijo, Corvacho Villagarcía y más. Y sobre la CD hay una duda cruel: el juez quiere saber por qué sacaron del derecho de admisión a los que hoy manejan La Doce y en cuánto y cómo bancan, si lo hacen, a la barra.

Barras pinchas recurren a la Corte

Apelarán todas las sentencias confirmadas por la Casación bonaerense contra Gianotta, ex líder de la parcialidad de Estudiantes y otros tres acusados por el asesinato del joven Juan Maldonado, asesinado en un boliche de Berisso 

Las defensas de dos de los condenados por el crimen del joven Juan Andrés Maldonado ejecutado a tiros a la salida del boliche Alcatraz de Berisso, presentaron ayer un recurso extraordinario de apelación ante la Suprema Corte bonaerense. Con ese planteo, atacaron el resolutorio de la Casación provincial en el que había confirmado todas y cada una de las sentencias condenatorias impuestas en juicio oral de 15 años de prisión para el ex jefe de la barrabrava de Estudiantes Fabián Giannotta, como autor del homicidio de Maldonado (25). El homicidio se produjo en la puerta del boliche Alcatraz, el 9 de agosto de 2009.La Casación también había confirmado las penas de 7 años de cárcel a los laderos de Giannotta, en la barrabrava y otras actividades, Felipe Garaña Morales y Ariel Orlando Evrett, como coautores de “homicidio agravado por el uso de armas de fuego, en grado de tentativa”, en relación a los disparos que efectuaron ese día contra personas, que no ocasionaron la muerte por razones ajenas a su voluntad. Los jueces de la Sala I de Casación, también ratificaron entonces lo actuado por el Tribunal Oral en lo Criminal V de La Plata -integrado por las juezas Carmen Palacios, Lidia Moro y María Martiarena- para el relacionista público Gastón Haramboure. No obstante, Haramboure es el único que goza del beneficio de la prisión domiciliaria. Ayer, en su escrito ante la Corte, el defensor Marcelo Peña solicitó que Haramboure continúe cumpliendo pena pero en su casa. Haramboure recibió una pena de 10 años y ocho meses de prisión como partícipe necesario de los delitos de “homicidio” en perjuicio de Maldonado y “de tentativa de homicidio”, al dar por probado que ese día salió del local con un bolso y entregó a los otros imputados tres armas de fuego que había adentro. La presidenta del Tribunal V, Martiarena, había votado en disidencia con respecto a las penas a imponer. La magistrada solicitó condenas más duras al tomar en cuenta otros agravantes: los imputados se arrogaron el poder punitivo, actuando como agentes de seguridad al margen del Derecho, afectando el bien jurídico más preciado, la vida de las personas. También valoró las causas penales abiertas contra Giannotta, es decir, su historia delictual. Ayer, su abogado Oscar Salas apeló la condena ante la Corte para que revise la sentencia dictada en primera instancia. En aquel fallo se había valorado el pasado como Policía de Giannotta, que supone un mayor conocimiento sobre el poder destructivo de las armas de fuego, que de todas formas utilizó en la vía pública, repleta de jóvenes que asistían a un local de esparcimiento nocturno, también fue valorado para proponer una pena más elevada. La doctora Martiarena además tomó como agravante la juventud de la víctima y que su victimario tenía por entonces 43 años. Con esos argumentos la jueza sostuvo en su voto que Giannotta debe recibir 25 años de cárcel, Evrett y Garaña Morales 12, y Haramboure 20. En el fallo de Casación hubo voto por mayoría de los jueces Benjamín Sal Llargués y Carlos Natiello, quienes confirmaron las penas del juicio oral, mientras que el tercer integrante, Horacio Piombo, propuso penas más leves.

10 de mayo de 2013

LA 12: HISTORIA DE UNA TRAICIÓN

Rafael y Fernando Di Zeo, Mauro Martín, Maximiliano Mazzaro y Richard Fernández eran amigos: jugaban al fútbol en el predio de Casa Amarilla y compartían los más de $300 mil que la barrabrava de Boca recaudaba por mes. La historia de La Doce está atravesada por favores pero, sobre todo, por la traición. Gustavo Grabia, el periodista que más sabe de barras en Argentina, se sumerge en este mundo de delincuentes socialmente bien vistos que no tienen problemas en balear por la espalda a alguien que les salvó la vida. Por: 

Maximiliano Mazzaro está empapado de sangre, pero Fernando Di Zeo sabe que no puede llamar a la ambulancia sin dar explicaciones, sin explicar cosas que un barrabrava no puede explicar. Se agacha, carga al hombre con la camiseta de boca y lo lleva hasta el hospital Argerich, que queda a seis cuadras. Es un domingo picante de noviembre de 2004. Debería hacer una temperatura más templada pero Dios, el cambio climático o la propia realidad argentina, transforman este mediodía en un infierno. Faltan apenas cuatro horas para que River reciba a Boca en el Monumental. Y Fernando le pide a Mazzaro que aguante, que falta poco, que peor la pasó él cuando recibió un balazo en el ojo en el superclásico de 2000 en Mar del Plata. Es la fecha 13 del Apertura y en La Doce juran: “hoy a las Gallinas les arruinamos el torneo”. River pelea arriba con Newell’s y Vélez; y Boca aún sufre la ida de Carlos Bianchi y con Miguel Angel Brindisi al mando, naufraga en la tempestad del fútbol doméstico. Es, además, un buen día para hacer plata. Por cuestiones de seguridad a Boca sólo le dieron 4.500 entradas. Unas 1.500 fueron a parar a la barra, que como entra gratis las revende a valores exóticos. Pero hace un rato, cuando llegó el momento de hacer las cuentas, Mazzaro, capo del grupo que viene desde La Matanza —con contactos fluidos con la Bonaerense, con punteros políticos de Lomas del Mirador como Jorge Lampa y líderes piqueteros de peso como Luis D’Elia—, recibió un pedido de Juan Castro, jefe de la facción Moreno, para que socialice los ingresos. Unos podrían decirle pedido, otros lo llamarían amenaza. Hace un rato, en medio de la discusión, en el ingreso del tercer micro de los 14 que integran la caravana, Castro sacó un cuchillo y se lo clavó profundo, a la altura del riñón izquierdo. Y fue que los hermanos Di Zeo, Fernando y Rafael, que manejan con mano de hierro a La Doce hace ocho años, llegaron de inmediato. Rafael se encargó de calmar la situación. Fernando, ahora carga a Mazzaro. El capo del grupo de la Matanza no habla. Quizá esté rezando. Quizá esté negociando si va al cielo o al infierno por todos los pecados cometidos en La Boca y sus alrededores. Una semana después, saldrá del hospital. La única marca que le quedará es una costura en el cuerpo. Castro será echado de la barra. Será el segundo favor que le harán los Di Zeo a Mazzaro. El primero fue salvarle la vida. 
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En Boca, la tarde del sábado 25 de febrero de 2006 sólo se soporta con un chapuzón de por medio en la pileta. Mauricio Macri, presidente del club, hoy jefe de gobierno porteño, está muy lejos de allí, quizá en su country, quizá en Punta del Este. Mientras algunos van prendiendo el fuego para el asado lento, en Casa Amarilla, la barra brava juega al fútbol. Rafael Di Zeo usa la nueve y le pasan la bocha como cuando Menem jugaba en la Selección: al jefe nunca se le discute su falta de dribbling. Sobre la línea de cal hay un morrudito que juega para el equipo de los Di Zeo, por ahora es el hijo pródigo del jefe. La oveja descarriada de la familia: hermano de Gabriel, entrenador de boxeo de Rafael en el club Leopardi y uno de los protagonistas de esta historia que empezó cuando él, Mauro Martín cayó preso por robar un supermercado chino del barrio. La familia, como en cualquier cosa nostra, le pidió ayuda al jefe de Boca. Rafael le puso un abogado de confianza, llamó a quien hay que llamar y la carátula de la causa cambió: en los papeles, el chino del supermercado pasó de ser robado con violencia a sufrir un intento de asalto con arma de juguete. Mauro salió de prisión y como Rafael le vio pasta, se lo llevó a la cancha. Sin saberlo, porque así se hacen cosas como ésta, estaba gestando a su Judas. Pero eso vendrá después. Esta tarde de febrero hay fútbol y nadie sabe lo que está por venir. No piensan en Marcelo Aravena, capo de la facción Lomas de Zamora de La Doce, que meses atrás dejó la cárcel tras pasar 12 años por el crimen de dos hinchas de River (Angel Delgado y Walter Vallejos) en 1994. En que el lugar de Aravena ahora lo ocupa Mauro. Ni en que la gente de Mauro le dio una paliza a los de Aravena cuando quisieron acercarse a La Boca. No piensan en eso porque el sol baja despacio, faltan veinte minutos para las ocho de la noche, y el partido recién empezó hace media hora. Por Del Valle Iberlucea, a metros de Villafañe, se estacionan un wolvskwagen de alta gama y una pick up. Los seis hombres que bajan están armados. Uno lleva una escopeta de caño recortado. En cuestión de segundos reducen al guardia de seguridad e ingresan al predio como un grupo comando. El Gordo Ale, que no juega pero sigue el partido de sus amigos desde la tribuna, los ve y grita. Los barras de La Doce ya no son jugadores, son fugitivos buscando salvar su vida mientras el grupo de Aravena descarga su artillería. Las armas apuntan a Mauro. Cuando pasa la primera ráfaga, un hombre grandote, con el pelo hasta la cintura y pinta de ser malo de verdad, saca un 38 y se lo calza en la mano derecha, y un 45 y se lo pone en la mano izquierda. Richard William Laluz Fernández, “el Uruguayo”, que lideró la toma del penal de Devoto años atrás y ahora está en La Doce bajo el influjo de Rafa, va hacia donde está Mauro y lo cubre a fuerza de balas. Él sólo dispersa a los de Aravena, los persigue hasta el ingreso. Dos meses después, para que no queden dudas acerca de su decisión, Di Zeo se ubica en el paravalanchas junto a Mauro. Exponer deliberadamente la cercanía el segundo favor que le hace. El primero fue salvarle la vida aquel 25 de febrero. Porque esta, aunque no lo parezca, es una historia de favores. Aunque muchos digan que no, que la de la barra de Boca es una historia de traición. 
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Aseguran los violentos más viejos que las cosas no siempre fueron así. Que hasta mediados de los 90, en La Doce había códigos que se respetaban. Pero la visión nostálgica no condice con la realidad. La barra de Boca surgió a comienzos de los 70, cuando Alberto J. Armando entendió los beneficios de replicar en el club el modelo de gobierno peronista que había aprendido haciendo negocios con el General Juan Domingo Perón. Como representante de Ford en la Argentina le vendía los autos para la Policía y Presidencia. Tener un núcleo fuerte, una especie de guardia pretoriana que lo protegiera y le espantara opositores, le salía barato: entradas gratis, viajes por el continente para la copa Libertadores, un asado por mes con el plantel, camisetas firmadas para rifar y un pago en efectivo que cobraba puntualmente Enrique “el carnicero” Ocampo, el primer capo capo de La Doce. El trato era beneficioso para ambas partes. Con el dólar barato de la dictadura, el círculo de Ocampo (integrado por lugartenientes como el Capitán Varani, Roberto Pechuga Ferreira y el Uruguayo Chupamiel) viajó con Boca para la final Intercontinental y el jefe terminó cambiando auto y poniendo un negocio. Ese crecimiento lo observaba desde afuera José Barritta, que hacía cuatro años venía frecuentando la segunda bandeja e intentó participar de los beneficios de la barra. La respuesta fue negativa. Y eso generó la guerra, que se definió en 1981 a favor de la nueva sangre. El motivo, ayer, hoy y siempre, fue la guita. Sentado en un bar de barrio norte, Rafael Di Zeo, remera de Boca, jean gastados y esa sonrisa pícara que no abandona, lo define simple. — El fútbol es un negocio de donde viven jugadores, dirigentes, representantes, los periodistas, todos. Y a nosotros, que aportamos al espectáculo, también nos corresponde una parte. Porque la tele nos enfoca a nosotros, la gente nos quiere a nosotros, cuando se habla de fiesta y carnaval se habla de nosotros. Entonces, que la pongan. Yo me llevo lo mismo que se llevaba José, Mauro lo que antes me tocaba a mí, y esto es así. El porcentaje puede llegar como mucho a un diez por ciento. Lo que los barrabravas no cuentan es que ese porcentaje se financia con actividades ilegales. La Doce cobra por brindar protección a los concesionarios de comida y bebida del estadio. El que no paga se expone a que le rompan los puestos, le roben la mercadería. La doce tiene el estacionamiento en las calles de la ciudad, que debería ser libre. La doce hace diferencias con la reventa de entradas y con el manejo del merchandising ilegal de la marca Boca. Por sus manos también pasa la plata de la venta de drogas en la Bombonera y sus alrededores, los tours de turistas que quieren ir a la popular y el apriete constante a dirigentes y jugadores: quien no paga se expone a que la vida se le complique. La Doce no recauda menos de un cuarto de millón de pesos cada 30 días. Por esa plata, todos roban, todos mienten, todos traicionan y todos matan en un pueblo chico llamado Boca. En los últimos años se modificó la forma en que se llega al peldaño más alto dentro de esa mafia. En los 80, la selección darwiniana ponía arriba al más fuerte. En la nueva era, ya no importa el poder de los puños o la fuerza destructiva de la bala, sino los contactos políticos, policiales y judiciales que permiten negociar con los más altos estratos del poder. Alguien dijo que la mafia como tal no existe en la Argentina porque en realidad, la mafia es el Gobierno. Y ahí están los hombres de La Doce, trabajando como fuerza tercerizada, para ratificarlo. 
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 La noche del 13 de marzo de 2011, mientras la ciudad duerme, la facción de Rafa festeja el cumpleaños de uno de sus integrantes en el restaurante del cabaret Cocodrilo. La mesa del fondo está preparada. Las chicas bailan en el caño, Rafa pide otra ronda de champagne. Los Di Zeo salieron hace poco de prisión y están esperando el momento justo para retomar el control de la barra. Ahora, La Doce está en manos de Mauro Martín y Maximiliano Mazzaro, aquellos a los que les hicieron favores se quedaron con la tribuna cuando en 2007 los hermanos fueron presos por una emboscada a la barra de Chacarita. El Uruguayo Richard Fernández, aquel que por orden de Rafael le salvó la vida a Mauro en la canchita de Casa Amarilla también estaba preso: cuando Mauro y Mazzaro viendo que cada vez tomaba más poder en la popular, lo vendieron a la Bonaerense. Pero salió, también quiere la barra y hoy cree que una alianza con Rafael es el vehículo indicado para el regreso. El Uruguayo estaciona su camioneta en la playa que está sobre la calle Gallo. Cuando está por entrar, el de seguridad le avisa que Rafael está adentro. El uruguayo sonríe: a eso justamente vino. Pero la noche no terminará como la había pensado: cuando se acerca a la mesa del fondo, la charla sube de tono y lo invitan a retirarse. Masculla bronca, suelta una amenaza y se da vuelta rumbo a la puerta. Las chicas siguen bailando con música de Black Eye Peas. En la barra de Boca no todos son favores. Richard no consigue hacer más de diez pasos que siente la quemazón en la espalda: tres balazos se le clavan en la espina dorsal. La Doce huye mientras las chicas se refugian detrás de los sillones acomodándose los corpiños. A Richard lo operan dos veces en el hospital Fernández y le salvan la vida. Quedará en silla de ruedas desde entonces. No hay lealtad en el mundo del crimen. 
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 El 17 de julio de 2012, el Tribunal Oral Seis absuelve de culpa y cargo a los 12 barrabravas de la facción de Rafael Di Zeo, acusados de asociación ilícita. Desde el banquillo de los acusados, camisa blanca y pantalón pinzado, Rafael sonríe. Luego, me dirá: —¿ Viste que soy bueno? Afuera de Tribunales esperan 400 miembros de su barra. Apenas lo ven se desata una especie de Stone manía. Es una mezcla de Jagger y Richards. La Policía corta la calle y como si Boca hubiese ganado la Intercontinental, hay marcha hacia el obelisco. Cantan: “Es la barra de Rafa, la que vuelve de las vacaciones, vamos a matar a todos los traidores”. Muchos se sacan fotos, como si fueran un atractivo turístico y no una horda de delincuentes esperando el momento para actuar. Desde los balcones vuelan papelitos y algunos se animan a cantar con los barras. —¿Y? ¿Soy culpable o inocente? Si yo tengo que ir preso por pelearme por Boca, todos estos también me tienen que acompañar, igual que todos los que en la cancha cuando hay lío, gritan ‘y pegue, y pegue, y pegue Boca pegue’”, dice y Sonríe Es ídolo y lo será hasta que una nueva muerte indigne al ciudadano y lo rechace un tiempo, hasta olvidarse de lo ocurrido y pida de nuevo por él. Preocupado, Gustavo Lugones, subjefe de la Unidad de Coordinación de Prevención de la Violencia en el Fútbol del Gobierno y uno de los máximos especialistas argentinos en la materia, dirá en su oficina de Palermo que el problema es muy complejo. Que por un lado, hay una mafia organizada, enquistada en los clubes, con apoyo político y policial que vive de ellos. Pero que, sobre todo, está el conjunto de la sociedad que los aprueba. —Eso tiene una explicación: el hincha ya casi no puede identificarse con los jugadores. Porque la mayoría son malos y cuando aparece uno bueno, que pinta para ser ídolo, lo venden a los seis meses a Europa. Entonces se rompe el proceso de identificación y ese lugar queda para los barras, que pase lo que pase siempre estarán ahí, en el estadio, agitando la bandera. Quedaron como refugio de identidad en un país que perdió sus proyectos colectivos. 
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 Un año y doce meses después de que balearan al uruguayo, Boca juega en Santa Fe contra Unión. A las cinco de la mañana, desde distintos puntos del conurbano, arrancan 16 micros escolares: recién se unirán pasando Campana. Son 900 soldados identificados con Rafael Di Zeo, dispuestos a todo, desesperados por retomar el negocio de la violencia en el fútbol. Es la segunda vez. La primera, en noviembre del 2011, durante un partido contra Atlético de Rafaela, terminó mal. Una fracción de la barra, la de Mauro, en la tribuna tradicional, la que da a Casa Amarilla y otra, la de Rafael, en la bandeja de enfrente, la que da al Riachuelo: y al final, los dos líderes con una causa judicial. Pero hoy, 25 de agosto de 2012, eso es historia. La fracción de Mauro, tiene apoyo de la policía federal y la bonaerense, pero en Santa Fe, en el interior del país, la historia es otra y los 900 soldados de Di Zeo lo saben, apostados en la autopista Rosario-Santa Fe, esperando por su presa. La presa es Mauro, en una camioneta cuatro por cuatro, delante de nueve micros, en el kilómetro veinte. Uno antes del puente. Cuando los 40 tiradores apostados en el techo del puente ven la caravana disparan a repetición. La policía llegará tarde. Hay siete heridos de gravedad. Uno de ellos es Mauro, un balazo le perfora el intestino grueso. Esta vez le volverán a salvar la vida, pero no los Di Zeo ni el uruguayo sino los médicos del hospital Provincial de Rosario. El círculo cierra perfecto: todos tienen un balazo, todos tienen un paso por la cárcel, todos tienen una traición en sus alforjas. Eso es la mafia barrabrava: el ascenso, el poder y la caída de los viejos códigos. 
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 28 de octubre de 2012. Hay otra vez superclásico en el Monumental. Pasaron ocho años de aquel en que Mazzaro salvó su vida gracias a los Di Zeo. Ahora, el cerebro de la barra es él. Faltan tres horas para que comience River-Boca, el partido que según todos los fanáticos del mundo nadie puede dejar de ver. La Doce está a punto de salir en caravana. El ritual es más siniestro que festivo: velas, un cajón mortuorio pintado con los colores de River, una corona que despide un olor nauseabundo por culpa de los 32 grados e hinchas vestidos de fantasma pero que en cuestión de minutos mutarán el traje a miembros del Ku klux Klan. Son 1.200 dispuestos a todo. Van a viajar en varios vehículos, entre ellos los tres micros descapotables que usa el plantel para pasear por la ciudad cada vez que sale campeón. A las dos de la tarde, la caravana arranca. Torsos desnudos, cabeza afuera, pirotecnia y un par de tiros suenan en el aire. Mauro Martín, el jefe de la barra, va al frente. Por sus antecedentes violentos tiene prohibido ingresar a los estadios pero está ahí, como si fuera el jefe de gobierno de la Ciudad, ordenando a la Policía dónde se tiene que poner para custodiar el paso de esta jauría hambrienta de violencia. Que cuando divisa su presa, estalla. No pasaron 30 cuadras y tres muchachos con la camiseta de River pretenden cruzar la calle. Desde el primer vehículo los barras se bajan como buitres y los muelen a palos. Después, les roban las camisetas y las queman. La Policía mira. Las imágenes recorrerán el mundo. En el cortejo fúnebre, la barra provocará cientos de destrozos y una vez ya en la cancha, apenas River se pone 2 a 0, se enfrentará con los guardias de Seguridad y arrojará a dos de éstos al vacío: caerán unos 5 metros, pero se salvarán. Cuando termina el partido, el raid delictivo seguirá por los comercios de la zona. Al finalizar la jornada, habrá 80 heridos, 24 hospitalizados, y ningún detenido. El Gobierno dirá que el operativo fue un éxito y muestra la foto de Mauro Martín cuando es rechazado para ingresar al estadio, por el derecho de admisión. Raro, en el tumulto adentro de la popular a más de uno le habrá parecido verlo. 24 horas y 1.200 fotos después, Mauro Martín quedará escrachado, cuando tras estar escondido durante todo el partido detrás de sus soldados, se sube al paraavalanchas justo cuando Boca empata el partido sobre la hora. Lo traicionan sus ansias de poder y su percepción de la impunidad. Es un escándalo nacional. 
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 A las 10 de la mañana del 19 de noviembre de 2012, Mauro llega puntual al juzgado que está sobre la avenida Cabildo. Pone cara de malo y todo lo que me dice es “con vos no hablo”. Lo esperan para condenarlo por todo lo que pasó en el superclásico. La audiencia dura cuatro horas. Cuando sale, sonríe y no dice nada. Se sube a un auto importado que lo espera en la puerta y se pierde por Cabildo, rumbo a la General Paz. Debe viajar relajado: por todo lo sucedido, le acaban de aplicar una multa de 1.000 pesos. Pero ese triunfo, será su perdición. Favor con favor se paga y le piden que movilice a la barra para dos actos políticos oficiales. Mauro dice que sí mientras cuenta la plata, y por el otro teléfono negocia con la oposición. La Doce es un banco que cobra por todas las ventanillas. Pero su línea está pinchada. Y la vieja causa del crimen del vecino de su cuñado que estaba cajoneada, extrañamente recobra vigor a un año y medio del hecho. La historia es ridícula: el pequinés de un vecino de Gustavo “Pechito” Petrinelli usaba como baño el frente de su casa. Cansado de limpiar el canil, Pechito pide ayuda a alguien que, sabe, puede ayudarlo a solucionar el problema y llama a Mauro. Fue un error: donde hubiera bastado un susto, hubo un crimen. El perrito no orina más en la casa de Petrinelli, pero Mauro termina preso. En su declaración, dice que él no fue, que al vecino lo mató otro barra, Daniel “Pety” Whebe. Y que quien lo llevó hasta ahí fue Maximiliano Mazzaro. Para zafar, entrega a sus dos máximos compinches. La Doce decidió expulsarlo de la barra. El juicio popular dictamina traición. Mauro cae preso, se siente traicionado y traiciona. Desde el teléfono del penal, habla más de lo que debe y se arma una megacausa por asociación ilícita que tiene a dirigentes, políticos, barras y jugadores en la cornisa. El calvario comienza a sentirse en la piel de La Doce. Mazzaro, verdadero cerebro de todo, pasa a la clandestinidad aunque sólo para las fotos. En el debut del torneo frente a Quilmes, demostrando su nivel de poder, dirige los movimientos de la barra desde un helicóptero. La Policía dice que lo busca pero él camina por Laferrere sin ocultarse. El escándalo crece porque un arquero famoso, Pablo Migliore, va preso acusado de ayudarlo para que siga prófugo. Aún prófugo, la única preocupación de Mazzaro, parece, es no perder el control de La Doce. Sabe de traiciones. Por eso, ante el avance Carlos Santa Cruz, un barrabrava de la zona de Virreyes, habla con la dirigencia de Boca. Pide que en el paravalanchas estén sus hombres de confianza: Luis Arrieta y Fido Desbaus. La Comisión Directiva y la Policía le conceden el deseo. Y mientras la Side y la Federal dicen buscarlo, Mazzaro ya lleva cuatro meses manejando todo desde un teléfono. En el medio, los negocios crecen y, gracias a la Copa Libertadores, la facturación ya alcanza los $ 400 mil mensuales. Al fin de cuentas, no importa quien los corra, los persiga o los pelee, La Doce, como siempre, una vez más vuelve a ganar. 

Gustavo Grabia Además de ser editor de diario deportivo Olé, Gustavo Grabia es el hombre que más sabe de barrabravas en la Argentina. Conoce caras, apodos, gestos y prontuarios de cada uno. Ellos también lo conocen: tienen con él extraña necesidad de odio y necesidad. Hace no mucho, uno bastante pesado, lo llamó por teléfono. Le dijo que estaba por ir preso por su culpa. Le dijo que se cuidara. Que la podía pasar mal. Gustavo le contestó que él sólo estaba haciendo su trabajo. Que escribía lo que pasaba. El barrabrava le dijo que él no le iba a decir una palabra más, pero en vez de cortar comentó: “Te paso con mi abogado”. Y el hombre le dio información de la causa judicial. Egresado de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires y de la escuela del Círculo de Periodistas Deportivos, Grabia trabajó en espectáculos en Editorial Abril, Editorial García Ferré, la revista 13/20 y los diarios La Razón y El Expreso. Entró a Olé en 1996. Tiene mucho trabajo. Sólo piensa en dormir diez horas seguidas, pero no suele hacerlo porque también es columnista de los programas de Ernesto Tenembaum (Tierra de Locos, por Rock and pop) y Estudio Fútbol (TyC Sports). Autor de los libros Disquisiciones sobre la habilidad (y otros relatos), El Club del fin del Mundo (y otros cuentos futboleros) (ambos de Ediciones al Arco) y de La 12. La verdadera historia de la barra brava de Boca (Sudamericana), jamás confesaría el sueño más extraño que ha tenido en los últimos meses. Imaginamos, debe ser bastante escabroso.

Salieron a la luz detalles de la declaración de Pablo Migliore, que derivó en su liberación



Tras haber cambiado de abogados, el arquero de San Lorenzo le solicitó al Juez Manuel De Campos ampliar su declaración. Esto significó una variante en la estrategia, ya que en las primeras indagatorias, se había negado a hablar. Ayer, el 'Loco' estuvo más de cinco horas frente al magistrado respondiéndole a todas sus consultas. Si bien trascendió que el '1' había incriminado a varios integrantes de a '12' y de la barra de San Lorenzo, se conocieron sus declaraciones -al menos lo que quedó registrado en el expediente- y allí se limitó a probar su íntima amistad con Mazzaro, sin involucrar a terceros. Tras aquel 31 de marzo en el que se llevaron demorado a Pablo Migliore del Nuevo Gasómetro, luego de que San Lorenzo perdiera 1 a 0 frente a Newell’s, los abogados del arquero (Víctor Stinfale y Matías Morla) dejaron en claro que la intención sería que el ‘Loco’ consiguiera la excarcelación sin tener que brindar ningún tipo de declaración, ya que en Argentina no existía ningún caso de un preso por encubrimiento. Así fue que el guardameta se sentó dos veces frente al Juez Manuel De Campos para ser indagado y en ninguna de las dos oportunidades le brindó al magistrado explicaciones de lo que intentaban saber. Como consecuencia de no colaborar con la causa y adjudicándole que de ser liberado podría ayudar al barra ‘xeneize’, Maximiliano Mazzaro, a continuar prófugo de la Justicia; su situación empeoró y no sólo le negaron la excarcelación sino que además le dictaron al prisión preventiva (situación que lo obligaba a permanecer detenido en el Penal de Ezeiza hasta el día del Juicio Oral). Tras pasar un mes privado de su libertad, el arquero decidió cambiar de defensa y contrató a Oscar Moyano y Gonzalo Oliver Tezanos. Ellos le cambiaron rápidamente la estrategia y le aconsejaron que rompiera el silencio ante la Justicia. Así fue que el ‘22’ pidió volver a ser indagado, se le aceptó la solicitud y estuvo más de cinco horas frente al magistrado. 24 horas después, De Campos decidió otorgarle la tan ansiada libertad. Cuando ya se especulaba con que esto iba a suceder, muchas versiones surgieron acerca de qué era lo que había dicho el arquero que produjo que el Juez decidiera liberarlo. Una de las cosas que ya había reconocido su letrado era que había probado que existía una relación de amistad con el segundo de la ‘12’ (el artículo 277 exime del delito de encubrimiento a amigos íntimos del autor del hecho principal), mientras que otros lo acusaban de haber tenido que delatar a terceros (entre ellos dirigentes y otros barras). Tal fue el caso de Mariano Lizardo (abogado del otro detenido por encubrimiento, Maximiliano Levy) quien disparó: "La defensa de Migliore cambió su salida por el testimonio contra 10 personas que podrían ser detenidas por dicha causa. Va a haber consecuencias irreversibles". Sin embargo, en el programa Un Buen Momento de La Red dieron a conocer detalles exactos de lo que verdaderamente dijo el arquero, ya que contaban con las declaraciones de la extensa indagatoria. En ellas queda completamente descartada la versión que indicaba que ‘delató’ a terceros, debido a que sólo se limitó a probar su relación con Mazzaro por intermedio de relatos y fotos. A continuación algunas de sus palabras: “No me comporté como debía pero fue por el nerviosismo. El consejo de mis abogados era que no declare. Morla me aconsejó que hable solamente de lo mal que me estaba sintiendo y de mi familia”. “Maxi Mazzaro es amigo intimo mío, lo voy a probar de la siguiente forma… Mi mujer es amiga de la suya y mis hijos también tienen relación con los hijos de él. Lo conocí a él cuando mi papá me llevaba a jugar a la pelota a Almirante Brown. Ahí nos empezamos a hacer amigos y después seguimos unidos laboralmente. En 2005 me compra Boca, donde estuve hasta 2008, y esto hacia que lo vea más seguido. Le he regalado alguna camiseta, íbamos juntos a eventos, fuimos juntos a bautismos, casamientos…”. (estas palabras además fueron acompañadas con fotografías de dichos momentos). “En cuanto a la escucha, sin prejuicio de la validez profesional, quiero aclarar unas diferencias que hay… Con Mazzaro tengo una relación muy estrecha, sé hasta su número de socio de Almirante (y lo da). Quiero aclarar una diferencia, esto de que yo le iba a retirar el auto no aparece, sólo se da a entender. Yo le pasé el teléfono a Mazzaro, me fui a la cocina, porque fue en mi casa, y a los cinco minutos Mazzaro me devolvió el teléfono. Además en enero me fui de pretemporada, volví a casa tres días y en febrero me volví a ir porque tenía una gira interior del país”. (respecto a la escucha que se hizo pública acerca de una comunicación telefónica que había tenido para que le armaran un auto a Mazzaro). “Yo estaba en Cardales, ni miraba la tele. Casi que no veo a la familia cuando estoy de pretemporada. Yo jamás ayudé a Mazzaro”. “Yo sabía que tenía quilombos, pero él decía que en una semana se lo iban a solucionar. ¿Cómo saber que una persona está prófuga? Yo estaba en Cardales, ni miraba la tele. Casi que no veo a la familia cuando estoy de pretemporada. Cuando estamos de pretemporada casi no miramos la tele, por eso aunque digan que era de estado público yo no estaba ni enterado. Yo jamás ayude a Mazzaro a eludir a la Justicia”. “La verdad no sé de qué trabaja Mazzaro, no tengo idea… Lo conozco de chico, estudiamos juntos, sé que estudió en Los Pinos… Nunca fuimos juntos de vacaciones y no sé dónde él vacacionaba”. “Yo quiero poner mi casa como caución (y entrega además unos datos más de un auto y una cuenta bancaria)”. Además le preguntan si Mazzaro tuvo algo que ver en su llegada a Boca: “No no, para esto estaba mi representante, la compra de mi pase la hicieron en tres partes”.

El "Panadero" Ochoa dijo que por una confusión lo ligaron a un crimen

El líder de la barra brava de Newell's declaró ante el juez que investiga la muerte de "Quemadito" Rodríguez y se desligó de las posibles vinculaciones con el heceho 

Diego Panadero Ochoa, el líder de la barra brava de Newell's Old Boys, planteó que la situación que lo llevó a tener que declarar por el crimen de Maximiliano Quemadito Rodríguez fue producto de "un malentendido". Lo hizo ayer a la mañana cuando estuvo en los Tribunales, donde el juez de Instrucción Javier Beltramone lo había citado a declarar en el marco de la causa que investiga el homicidio ocurrido la tarde del 5 de febrero pasado en la esquina de Corrientes y avenida Pellegrini. El viernes de la semana pasada el juez Beltramone dictó el procesamiento de Héctor David El porteño Rodríguez y Sergio Federico Chuno Acosta como coautores del crimen de Quemadito y en el fallo se destacan tres móviles: los negocios del narcotráfico, el lavado de dinero y las disputas internas nunca resueltas al interior de la barra brava de Newell's Old Boys. En ese sentido, el magistrado explica que El porteño es una persona de "extrema confianza" de Diego Ochoa y que Acosta es socio de la entidad rojinegra. Además, el juez pudo establecer que Panadero "está detrás de la defensa de Rodríguez". Un mensaje. Para sustentar su hipótesis, el juez hace referencia a un mensaje de texto interceptado el 8 de febrero pasado (tres días después del crimen de Quemadito) en el que Ochoa dice: "Hablé con (uno de los defensores) por lo de David (El porteño Rodríguez). El miércoles va a hacer una presentación espontánea". Y Beltramone dice: "Es curioso que tres días después del hecho Ochoa se preocupa por la defensa de el imputado Rodríguez, mucho tiempo antes de que se ordenara su detención. Mucho antes, pues eso ocurrió un mes después". Sin embargo, ayer a la mañana Ochoa señaló en el tribunal y asistido por sus abogados, Juan Ubiedo y Hernán Tasada, que todo se trató de un equívoco. "Llamé a un amigo en común que tengo con David P. y no David Rodríguez. El quería viajar a Venezuela para ver el partido que Newell's jugó con Deportivo Lara por la Copa Libertadores, pero como le habían allanado la casa quería saber si podía hacerlo. Entonces le comenté que el abogado iba a averiguarlo en la Dirección de Migraciones y en los Tribunales". Ese fue el testimonio de Panadero, según reportó Ubiedo en los pasillos de los Tribunales. El allanamiento en cuestión se concretó el 2 de febrero de 2013 por disposición del juzgado de Instrucción Nº6, a cargo de Raquel Cosgaya, aunque no trascendieron los motivos del mismo. Tras ello David P. pudo viajar a la ciudad venezolana de Barquisimeto para alentar al equipo leproso. A su vez, Ochoa aportó el número telefónico de la persona que recibió el mensaje de texto. "En el aparato aparece el día y la hora en que fue enviado el mensaje pero no el número", explicó una fuente judicial. E indicó que El panadero dijo solamente conocer "de nombre" a Chuno y a El porteño, los dos procesados por el homicidio. Tiro certero. El 5 de febrero pasado Maximiliano Rodríguez y su novia, Sofía L., caminaban por Pellegrini y Corrientes. El muchacho, de 26 años, se ayudaba con muletas porque una semana antes lo habían baleado. Entonces, pasadas las 18.30, un certero balazo calibre 9 milímetros disparado a distancia le perforó el cráneo matándolo en el acto. Hasta ese momento Rodríguez era conocido públicamente por dos hechos tan violentos como sobresalientes: el primero sucedió la noche del 4 de septiembre de 2010 en el Coloso del Parque cuando Panadero Ochoa fue bajado a las trompadas del paravalanchas por personas que hasta ese día eran de su confianza y que querían copar la conducción de la hinchada. Entre los agresores estuvieron Quemadito; su padre, Sergio Quemado Rodríguez; y Matías Pera. El otro episodio ocurrió la madrugada del 1º de enero de 2012 cuando lo atacaron a balazos en inmediaciones de Garay y Vera Mujica, mientras estaba a bordo de un auto y en compañía de su novia Sofía L. Como venganza por ese ataque su padre junto a cuatro cómplices llevó adelante el triple crimen de Villa Moreno.

4 de mayo de 2013

Estalló la interna en la barra del Docke

Estalló la interna en la barra del Docke: tres heridos de bala, un apuñalado, y hoy juegan de nuevo. Alerta.

No es el superclásico pero el operativo de tarde en Dock Sud-Fénix, en relación público y efectivos, es mucho mayor: 90 hombres de la Bonaerense, seis de la Montada y 40 de la Guardia de Infantería, para un partido en día y horario laborable y sin visitantes. ¿El motivo? La interna de la barra del Docke, que tuvo dos capítulos tremendos en los últimos días, con tres heridos de bala y un apuñalado y amenaza con continuar. Todo largó en abril. Hace años la tribuna está en manos de Los Homeros, facción que debe su nombre al pasaje donde paran, a cuadras del estadio. Al grupo lo comandan los hermanos Marcelo y Ramón García, alias Pelé, y el Mudo Damián, cuyo poder creció gracias a la política Peronistas de vieja cepa, se unieron al kirchnerismo con Hinchadas Unidas Argentinas (el Mudo comandó el viaje a Sudáfrica), después jugaron para el peronismo disidente y el macrismo (en 2011 una investigación de Página 12 mostró cómo el Docke lideró la represión contra los docentes porteños que protestaban en la Legislatura) y el año pasado volvieron al redil oficial acompañando al vice Amado Boudou en recorrida proselitista por el barrio. Desde ese lugar (Pelé trabaja en la delegación Dock Sud de la Municipalidad de Avellaneda y tiene sugestivas fotos con el Intendente Jorge Ferraresi, mimado del Gobierno), cimentaron su poder y dejaron fuera a la vieja guardia. Pero hace poco dejó la cárcel quien fuera el capo en los 90, Alberto el Gordo Beto Zvizer, quien estuvo tras las rejas los últimos 12 años por delitos contra la propiedad y piratería del asfalto. Y decidió que volver a su viejo amor, la tribuna de Dock Sud, era una buena idea. Tres fechas atrás, el 6/4, fue a la cancha contra Deportivo Español. No alcanzó a gritar el gol de lo que fue finalmente empate, que lo rodearon Los Homeros y se llevó de recuerdo una puñalada en el pecho. Fue una declaración de guerra, porque quienes conocen el barrio dicen que el Gordo no había dado señales aún de querer copar la parada, pero como su figura es mítica, Los Homeros se sintieron desautorizados y atacaron para dejarle en claro quien manda ahora. La revancha vino al siguiente partido de local, contra Laferrere, diez días atrás. Beto se alió a la facción Las Casitas, que fue echada de la barra el año pasado, y con 50 violentos se plantó en la tribuna. La pelea comenzó en las gradas (el partido estuvo detenido 10 minutos) y siguió en la calle, con una balacera infernal que dejó tres heridos y apenas tres detenidos en la Comisaría Tercera de Dock Sud, que salieron al rato. Hoy se juega de nuevo. Y ambos bandos se cruzaron amenazas. En el barrio cuentan que la pelea es por la tribuna, pero más por el laburo para la Intendencia de Avellaneda de cara a las próximas elecciones. Si uno camina la ciudad, verá que las pintadas políticas tienen la firma de un dibujito de Homero Simpson. Pero ahora llegó Mister Burns. Y todo, amigos, pinta para estallar.

Tras salir de prisión, el Rengo Aguilera volvió a la cancha

El barra recuperó la libertad el lunes luego de que la Cuarta Cámara del Crimen lo condenara por un delito excarcelable, y hoy apareció en el Malvinas para ver la victoria de Godoy Cruz.


“Qué alegría”. Simple pero demostrativo. Así simplificó su sentimiento, Daniel “El Rengo”Aguilera a través de la red social Facebook, donde esta tarde publicó una foto junto a otros hinchas bodegueros en la previa del partido entre Godoy Cruz y Colón de Santa Fe, al que concurrió horas después. El ex líder la barra brava del Tomba recuperó la libertad el lunes luego de estar dos años detenido en el penal de Boulogne Sur Mer, acusado de un doble intento de homicidio. El lunes, el tribunal de la Cuarta Cámara del Crimen lo condenó, pero prefirió hacerlo por el delito de “abuso de arma” (y no por doble tentativa de homicidio), que es un delito excarcelable. Por lo tanto, esa misma noche recuperó la libertad. Esta tarde, Aguilera se mostró públicamente en Facebook, donde hasta ahora era un “secreto a voces”, pues siempre utilizaba fotos que no demostraban que era él el dueño de esa cuenta. Ahora, el barra publicó una foto suya, además de cambiar la de perfil, y se mostró junto a otros hinchas bodegueros en el barrio La Gloria y en la previa de un nuevo encuentro del Expreso. En el comentario, el barra escribió “qué alegría”, recibiendo las felicitaciones de algunos de sus allegados y amigos. Después, estuvo en las gradas del Malvinas alentando al equipo en la victoria bodeguera por 3-0.

http://www.sitioandino.com/nota/75510-el-rengo-aguilera-estuvo-en-la-cancha-alentando-al-tomba/

2 de mayo de 2013

Uno de los barrabravas más peligroso sacó a la luz su "museo" de camisetas

Pablo "Bebote" Alvarez reveló a través de las redes sociales la enorme colección de camisetas que le "regalaron" jugadores como Agüero, Millito y otros que pasaron por el Rojo. 

Pablo "Bebote" Álvarez fue durante muchos años el jefe de la barra brava de Independiente, pero decidió retirarse luego del enfrentamiento con el presidente del club, Javier Cantero, en su lucha por erradicar la violencia de las canchas. Alejado de la tribuna "Bebote" decidió publicar en las redes sociales su impresionante colección de camisetas entre las que se destacan varias de Sergio Agüero, Gabriel Milito y Pablo Aimar, hasta tiene una de las medallas de la Copa Sudamericana que consiguió el Rojo en 2010. "Museo de camisetas históricas de Indpendiente, Kun, internacional", titula Pablo "Bebote" Alvárez, jefe de la barra brava de Independiente, en un post que hizo en su cuenta de Facebook. Y abajo, aclara: "Y que la cuenten como quieran". Bebote tomó el poder de "Los Diablos Rojos" en 2004 y desde entonces su poder dentro del club comenzó a crecer. Con la llegada de Javier Cantero a la presidencia comenzaron los problemas con la dirigencia lo que terminó en su alejamiento de las canchas. Ahora desde su "retiro" el ex líder barra decidió mostrar su extensa colección de camisetas en la que se destacan varias del Kun Agüero (la de su debut en el Rojo, el Atlético de Madrid y el Manchester City), dos de la Selección que fueron utilizadas por Gabriel Milito y Pablo Aimar, un gran número de remeras del ascenso del fútbol argentino y una enorme cantidad de Independiente. Para coronar su colección además de camisetas en su "museo" Bebote tiene un bombo con el escudo de Independiente, merchandising de los mundiales de Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, pero lo más llamativo es la medalla de la Sudamericana 2010 (que le entrega la Confederación Sudamericana a los jugadores y cuerpo técnico) y su anillo que, al mejor estilo de Julio Grondona, tiene inscripta la frase "Todo vuelve".

1 de mayo de 2013

Fútbol, pasión y disparos: Crónica de la previa de un partido


Normalmente no escribo notas relacionadas con lo deportivo, pero esta ocasión -creo- amerita el esfuerzo. Unos amigos me invitaron a su tradicional asado de la habitual previa futbolera. Son fanáticos de Newell’s Old Boys y su pasión por el Club del Parque Independencia hizo que sus convites trascendieran el barrio para ser conocidos en toda la ciudad. Tanto que el programa televisivo Me Gusta el Fútbol que se emite los días viernes a la medianoche por Canal 3 de Rosario con la conducción de Omar Porcel, se comunicó con los integrantes de la Banda de la Cortada (así se denomina el grupo de simpatizantes rojinegros que se congrega habitualmente en la intersección de Dorrego y Pasaje Blanqué, Dorrego al 3300), para filmar el fervor humano relacionado a la casaca que supo vestir Diego Armando Maradona. “Venite, va a estar bueno”, dijo mi amigo, convidándome a formar parte de uno de los clásicos asados rojinegros de la zona sur de la ciudad. Acepté gustoso, no quería perderme la “fiesta leprosa” como describen los encuentros aquellos que participan de los mismos. Todo se desarrolló en un clima colorido de banderas, Fernet con Coca (en realidad era Vittone porque el Branca es más caro), cánticos y unas buenas carnes a la parrilla para soportar la tensa espera del partido -en este caso- Newell’s Old Boys-Racing por el campeonato de Primera División del Fútbol Argentino. La gente de Me Gusta el Fútbol, el camarógrafo, y una productora del mismo, tuvieron “la mejor onda” para con nosotros, retratando para la posteridad la festiva previa. Luego de terminado su trabajo, se retiraron del lugar prometiendo pasar las imágenes en los próximos programas. Más tarde, continuó el asado dialogando sobre la vida, lo grande que es Newell’s y la necesidad de que exista una oposición a la actual comisión directiva de la institución fundada el 3 de noviembre de 1903. Ya promediando el encuentro y viendo la jarra de Fernet con Coca vaciarse -que oficiaba de reloj-, para sorpresa nuestra, apareció en el lugar de imprevisto un jóven ataviado con gorrita que con gesto amenazante y propinando insultos a los presentes efectuó dos disparos; el primero al aire y un segundo que impactó contra un árbol de las inmediaciones (según me pareció ver), fiel testigo de la poco recomendada experiencia. Fueron segundos, pero para nosotros -incuidas las criaturas que se encontraban en el improvisado campo de batalla- fue una eternidad, en la que los instantes a cada paso se hacían más largos. De pronto, todo pasó, y volvió la calma, como ocurre en la naturaleza luego de un tormenta. No entendíamos absolutamente nada. En el fragor del ataque se había escuchado “dame la bandera, dame la bandera”, exclamaciones que ahora parecían tener sentido. Efectivamente se habían robado un “trapo”, un estandarte que indentificaba el andar de este grupo newellista, La Banda de la Cortada. Dos de los presentes dijeron “vamos a correrlos” y se subieron a sus motocicletas con la intención de seguir la batalla en otro sitio y recuperar el “honor” perdido. Otro, me dijo: “esto siempre pasa, sabelo”, haciendo referencia al revuelo que armaron en el barrio las presencias de las cámaras de televisión, envidia de otros grupos futboleros. -¿Quiénes fueron?, pregunté yo. -”Fueron los de Central”, me respondieron los que aún permanecían en el lugar -¿Pero cómo sabés que son “sinas”?, le retruqué yo, esgrimiendo el lenguaje habitual con el que los simpatizantes leprosos llamamos a los centralistas, extendiendo a su vez la pregunta, -¿No pueden haber sido otros de Newell’s? -Son de Central me respondió de forma escueta, dándome a entender que no correspondía preguntar más. No había que preguntar más, era algo habitual al parecer; cotidiano diríamos. Así es que luego de interrumpido el colorido asado y de vivir un momento de zozobra al mejor estilo lejano oeste, regresé a mi domicilio particular reflexionando sobre lo que había pasado. ¿Era posible que de la nada, a plena luz del día, por una bandera de una parcialidad, se diparara a riesgo de matar a cuaquier vecino? ¿Tan poco valía la vida humana? ¿Era posible que la policía de la seccional no supiera nada al respecto? Sí, -me respondí- era, posible, o mejor dicho, era habitual.

30 de abril de 2013

El fiscal irá por ambos bandos luego de los incidentes de la barra del Cervecero

El fiscal irá por ambos bandos luego de los incidentes de la barra del Cervecero. Uno de los heridos sigue grave.

La balacera del domingo a la tarde no acabó. Mientras los barras del grupo de Ramiro Bustamante anuncian venganza, el fiscal Jorge Saizar tiene en la mira a los dos bandos de la barra, porque instruye el primer ataque, de la facción oficial a la de Dedo Becerra, del jueves pasado, bajo el rótulo de “daños y lesiones”, y ahora también la revancha antes de la partida al Monumental, que fue caratulada como “tentativa de homicidio”. Los testimonios que recogieron en la comisaría 1ª apuntaban sobre el hecho del domingo, que los disparos salieron de un Volkswagen oscuro conducido por Lito, del barrio Los Alamos. Y si bien los testigos no lo vieron en el hecho, dejaron trascender que el organizador de la movida habría sido Becerra. Lo que parece muy claro es que la zona estuvo liberada: las cámaras de seguridad, como tantas otras veces en temas de barras, no funcionaban. Claro, nada que no se conoce cuando pasan estas cosas. Por el lado de los heridos, Víctor Domínguez (23 años), Alejandro Pérez (32), Pablo Blanco (34) y Miguel Angel Straiker (32), todos con disparos en las piernas, ya recibieron el alta. No así Mauro Moreyra (28), a quien el proyectil le dio en la cara. Sigue internado en el tercer piso del Hospital Iriarte, luego de ser operado y su estado es delicado. Como viene la interna está claro que, como en otros tantos clubes de nuestro fútbol, la guerra parece no terminar nunca…

26 de abril de 2013

Protocolo de inseguridad

Diego Bogado, el barra muerto en Vélez, tenía encima entradas de protocolo. Falleció por un golpe y la Justicia allanó el club buscando pruebas de complicidad. 

Julio Baldomar, vice de Vélez, desconcertó ayer a todo Liniers al declarar “a la gente le damos entradas de favor, no sólo a la barra sino también a socios y allegados cuando vamos de visitantes”. Así daba vuelta como una media lo que Vélez históricamente negó, y contradecía lo que el club informó el día anterior, cuando se descubrió en la herrería del estadio el cuerpo inerte de Diego Bogado, miembro de la barra brava de la institución. Pero Baldomar sabía lo que hacía: en la causa está asentado que Bogado, entre otras pertenencias (tarjeta de crédito, 18 pesos, boleto de tren Roca y tarjeta Sube), tenía dos entradas de protocolo. Con una diferencia: los tickets eran para partidos de local (ambos del torneo Inicial, contra Lanús y Unión) y para la platea Sur. Esto corrobora los dichos de su familia, de que Bogado no era un hincha más sino uno caracterizado que recibía beneficios. Y si bien no era primera línea, sí estaba en el grupo de los 200 que tienen banca oficial: ayer allanaron Vélez buscando, entre otras cosas, registros de los que van de visitante ya que en Tribunales tienen el dato que fue a los partidos de Copa sin medios económicos propios. El allanamiento también fue para buscar imágenes de las cámaras de seguridad que enfocaban a la tribuna local (en la herrería no hay sistema de audio y video) y al polideportivo. Es que por la hora en que habría fallecido (cerca de las 23, 120 minutos tras el partido con Emelec), se cree que participó de una reunión de la barra en la zona de quinchos y después algo, que aún no está claro, ocurrió. La autopsia arrojó, sobre este punto, algunas certezas. Bogado falleció por un traumatismo de tórax cuando un golpe le provocó el desplazamiento de una costilla que le perforó el pulmón. Si ese golpe fue dado por un barra o producto de una caída, está por verse. Falta el informe de toxicomanía, ya que al lado del cadáver se encontró una bolsa con un polvo blanco, presumiblemente cocaína. Si su estado fuera de sobredosis, podría explicar una pérdida de conciencia con caída posterior. Aunque la fiscal Graciela Gils Carbó (sobrina de la Procuradora General de la Nación) parece relativizar esta idea: puso a trabajar a Homicidios de la Federal, dando un indicio de por dónde está buscando. Con esto, Vélez quedó complicado por dos motivos. El primero, las entradas de protocolo. Que encima, son de partidos viejos: se estima que ingresaba con éstas y revendía las que recibía para el encuentro actual, práctica habitual de las barras para financiarse. El otro motivo es el lugar donde se halló el cadaver: una zona de difícil acceso dónde sólo el herrero y el intendente tienen llave. Y la cerradura no estaba forzada. ¿Se trepó con alguien y saltó adentro? Raro, hay una altura considerable. ¿Entró con alguien y murió allí? ¿O falleció afuera e impunemente lo dejaron ahí? Por ahora, preguntas sin respuestas concretas.

La Justicia desechó la teoría del accidente y procesó con prisión preventiva a tres barras de Racing

La Justicia desechó la teoría del accidente y procesó con prisión preventiva a tres barras de Racing acusados del crimen del periodista partidario Nicolás Pacheco. 

La jueza Lanz revisó todos los papeles. Sentada en su despacho, repasó primero las declaraciones de Enrique el Loco Rulet, Aníbal el Vaquero Butler y Juan Carlos el Turu Rodríguez, acusados por el fiscal Marcelo Retes de haber asesinado al periodista partidario Nicolás Pacheco Gómez en la madrugada del 24/1/13, en la sede de Racing en Villa del Parque. Allí leyó como los tres decían que había sido un accidente, que Nico se había tirado a la pileta desde un sobretecho pero por la cantidad de alcohol que había consumido, le pifió al agua y cayó sobre el borde, rompiéndose el cráneo. Después tomó el informe forense que mostraba que en realidad, el cuerpo de Pacheco tenía golpes en distintas partes del cuerpo, como recibidos en una golpiza. Y que no tenía agua en los pulmones, por lo que no murió ahogado. Además, el horario del crimen estaba fijado entre las 0,50 y las tres, y los barras dijeron que fue a las seis. Al toque abrió la carpeta de la Policía Científica que confirmaba que había manchas de sangre en otro sector de la pileta, que habían intentado ser lavadas con lavandina. Después recordó la inspección visual que hizo el viernes y la declaración de una chica, de apellido Luna, quien en la hipótesis del fiscal podría haber desencadenado un crimen pasional. Luna declaró que esa noche, la del asado fatal, estuvo en el club pero se retiró a las 23 con su novio, quien sería un barra de peso en la Guardia Imperial. Ninguna de las situaciones esgrimidas por Rulet, Brulet y Rodríguez coincidían con sus pruebas. Entonces pidió la pluma y firmó: procesamiento con prisión preventiva para los tres, acusados por homicidio, delito con pena de hasta 25 años. Después analizó la situación de los dos acusados de encubrimiento. Al vigilador Marcelino Lemo le creyó cuando dijo que lo fueron a buscar a la mañana para informarle lo que había sucedido y nada más. Le dictó la falta de mérito y lo dejó en libertad. En cambio, a Patricio Gerson Reynoso, el barra que vivía en la sede y dirigía la murga, no: cree que él sí ayudó al trío a limpiar las pruebas del homicidio, por lo que lo procesó por encubrimiento agravado y lo dejó preso. Y a otro barra, Federico Tut, que también vivía en la sede y declaró en favor de Gerson, le imputó falso testimonio para ayudar a su amigo y lo metió en el baile. Las defensas ya avisaron que apelarán pero para la jueza, las cosas están muy claras: a Nico, lo mataron los barras.

24 de abril de 2013

Y, La Doce es una MAZZAro

Todo queda en familia: el capo prófugo metió a su hermano Angel a dirigir un grupo grande de La Matanza para mantener la hegemonía.

Apenas decidió que la cárcel no era para él, Maximiliano Mazzaro, dos y verdadero cerebro de La Doce, decidió seguir gobernando La Bombonera. Eso le garantizaba impunidad (de hecho, hace casi cuatro meses que está prófugo) y beneficios económicos indispensables para su vida en la clandestinidad. Primero lo hizo en persona: manejó a través de dos reuniones en Provincia todo el operativo de los clásicos de verano cuando vio que la gente de Di Zeo intentaba comerle el poder. Y después hizo dos movidas de alto impacto. La primera, según confían en Tribunales, fue dirigir desde un helicóptero los movimientos de la segunda bandeja que da a Casa Amarilla en el debut de Boca en el Inicial. La segunda, llegar en moto a la caravana que iba a Tigre, en la segunda fecha, demostrando un poder sorprendente. Pero el cerco judicial hizo que debiera extremar cuidados. De hecho hubo cuatro allanamientos de la Federal que no dieron con su humanidad por minutos (una mano amiga siempre le avisa antes, dejando en claro los contactos que maneja). Ante esta situación, Mazzaro tomó dos decisiones: la primera, hacer que la CD de Boca sacara del derecho de admisión a Luis Arrieta, capo del grupo de Caseros, y Fido Desbaus, líder del de San Martín, para que volvieran a la cancha y le cuidaran el lugar. La idea era equilibrar el poder creciente que sumaba Carlos Santa Cruz, con su grupo de Virreyes, quien de cualquier manera ascendió ya hasta la cúpula. La segunda movida, reciente, fue más familiar: puso a su hermano, Angel, a la cabeza de la facción de La Matanza, la más pesada de La Doce, para seguir teniendo bajo su puño todo lo que concierne a la barra. Y lo rodeó con su ladero más fiel, Morcilla, temido en el mundo barra por su violencia y oriundo del barrio Los Pinos, del Oeste del Conurbano bonaerense. El nuevo armado se gestó en un encuentro en Laferrere y quedó refrendado el jueves 11/4 en un asado en Caseros, en un club barrial de estrella bien dorada, con el Loco Luis como anfitrión, y al que concurrieron todas las facciones. Allí se estableció que Fido dejaría de exponerse en el paravalanchas aunque no abandonaría el poder, ya que es el hombre de mejores contactos con la CD. Y que su puesto en la popu sería cubierto por Santa Cruz, que venía pidiendo pista desde hace más de un año. En el círculo de toma de decisiones se mantendrían Cacho Otazu, el Melli Fernández, Corvacho Villagarcía, Raúl Armijo y Beto de Boulogne, otra facción con poder creciente. En cuanto a la gente de Mazzaro, quedarían bajo el mando del hermano Angel y Morcilla, mientras que la gente de La Boca estaría representada por los hombres de Pedro el Escamoso, familiar del histórico Santiago Lancry, y Adrián Silva, quien supo integrar la barra en tiempos del Abuelo. Y allí se decidió algo más: repatriar a Hulk y un grupo selecto del Leopardi, el gimnasio de Mauro, que habían sido echados cuando Martín habló en la Justicia y le soltaron la mano. Con este esquema, piensan hacer suyo el superclásico. Siempre y cuando la Justicia, que les está mordiendo los talones, no les caiga antes.

21 de abril de 2013

La mujer que cambió al fútbol inglés


Hinchas de Liverpool cantan al ritmo de "Mambrú se fue a la guerra": "We're gonna have a party? (Vamos a hacer una fiesta/ Vamos a hacer una fiesta/Vamos a hacer una fiestaaaa?)? when Maggie Thatcher dies". Es decir, "cuando Margaret Thatcher se muera". Lo cantan desde hace meses. Lo cantan cuando se bajan de los micros, cuando entran al estadio y cuando se ubican en las tribunas. No paran de cantar. "Expose the lies before Thatcher dies" (Destapen las mentiras antes de que Thatcher se muera), piden en otro cartel que llevan siempre a la cancha. Apenas conocida este lunes la muerte de Thatcher, los hinchas exigieron al gobierno que publicara los documentos oficiales sobre el rol de la ex premier en el caso Hillsborough. Quieren saber si Thatcher, como sospechan, tapó mentiras y negligencia de la policía. Hillsborough, el estadio donde el 15 de abril de 1989 murieron asfixiados 96 hinchas de Liverpool, recordará el lunes su vigésimo cuarto aniversario. Desde entonces, los hinchas cantan en cada partido: "Justice for 96". "Si este fin de semana se celebra un minuto de silencio en los estadios -avisó uno de los sitios de hinchas- no será por Thatcher, será por nuestros muertos." Liverpool es un símbolo. Thatcher no es amada por los hinchas en general. Para evitar silbidos, no se anuncian homenajes oficiales este fin de semana en los estadios. Muchos creen que es una injusticia. Al fin y al cabo, la Premier League, la liga más millonaria del fútbol mundial, debe su creación a la "dama de hierro". De 1976 a 1984, Liverpool había ganado tres veces lo que hoy es la Liga de Campeones de Europa. En 1985 perdió la final 1-0 con Juventus. Fue la recordada Masacre de Heysel, cuando fanáticos ingleses aplastaron y provocaron la muerte de 39 hinchas del equipo italiano. Avergonzada de los hooligans, que dañaban la imagen de su "revolución conservadora", Thatcher prohibió de 1985 a 1990 a los equipos ingleses jugar las copas europeas. Fue fácil en 1989 echarles otra vez la culpa a los hooligans por Hillsborough. El informe policial, publicado por el editor Kelvin MacKenzie en The Sun bajo el título "The Truth" (La Verdad), acusó a los hinchas de robar dinero, orinar sobre cadáveres y hasta abusar sexualmente de una joven muerta. Cuatro años después, un informe final del juez Peter Taylor estableció que, en realidad, la tragedia fue por la negligencia de una policía acostumbrada a tratar a los hinchas como animales: dejó que desbordaran la capacidad de una tribuna, les cerró las puertas y, luego, ya iniciada la semifinal de Copa Inglesa ante Nottingham Forest, y con los hinchas desesperados porque se aplastaban, trabó los accesos para que no hubiese invasión de campo. Prohibió también el ingreso de ambulancias. En septiembre pasado, 23 años después de la tragedia, el gobierno por fin pidió disculpas. "Hago tributo a la increíble fuerza y dignidad de las familias de Hillsborough en su búsqueda de justicia", reconoció el premier David Cameron. Un nuevo informe estableció que si al menos la policía hubiese actuado bien una vez provocado el desastre quizá 41 de las 96 víctimas podrían haber sobrevivido. Apenas 14 víctimas fueron trasladadas a dos hospitales. La policía alteró 164 testimonios y 116 fueron removidos. Debió pedir disculpas hasta Boris Johnson, acaso futuro premier conservador, hoy alcalde de Londres. Era editor de Spectator cuando en 2004 la revista insistió en culpar de la tragedia a "alcoholizados fanáticos de Liverpool". Por supuesto que también se disculpó MacKenzie, un periodista que era favorito de Thatcher. "Demasiado poco, demasiado tarde", le respondió Trevor Hicks, que perdió dos hijos en la tragedia. Hillsborough Family Support Group (HFSG), una de las agrupaciones de familiares, dice que Thatcher recibió un informe lapidario que denunciaba la negligencia policial cuando fue al estadio al día siguiente del desastre. Thatcher, afirmó Michael Mansfield, abogado de los familiares, encubrió el falso informe de la policía de Yorkshire Sur. Había hecho lo mismo en 1984 cuando ese mismo departamento, rememora Mansfield, reprimió salvajemente una histórica huelga del Sindicato Nacional de Mineros, la recordada Batalla de Orgreave. La "dama de hierro" ya había hecho honor a su apodo dos años antes, cuando ordenó el hundimiento del General Belgrano y mató a 323 soldados argentinos. La Guerra de Malvinas, coinciden todos los especialistas, la salvó de una derrota electoral y le permitió profundizar una política económica de privatizaciones y recortes que, según todos los indicadores, desprotegió a las clases más pobres y enriqueció a los más ricos. "Esa política -me dice desde Londres el sociólogo Gary Armstrong- también la llevó al fútbol. ¿Cómo podría haberse identificado con las afiliaciones tribales de décadas de antigüedad y el romanticismo que el juego y sus clubes proveen para muchos una mujer que fue célebre por haber dicho que «no existe lo que se llama sociedad»?" Thatcher -escribió Andy Lions en The Guardian- "odiaba a los hinchas de fútbol porque, de hecho, odiaba a las clases trabajadoras. Creó un Estado policial y criminalizó a mineros e hinchas por igual". Empresarios enriquecidos con su política de desregulación financiera, me cuenta Armstrong, volcaron sus millones al fútbol. Tras el desastre de Hillsborough el Estado les había ahorrado la tarea sucia. Echó a los hooligans y modernizó estadios a través de créditos públicos. Abrazados a los millones de Rupert Murdoch, los empresarios-patrones votaron por sacar el fútbol de la BBC pública para llevarlo a la TV de pago. Contrato de TV en mano, cotizaron a sus clubes en la Bolsa, se hicieron millonarios y revendieron las acciones al capital extranjero, magnates rusos y estadounidenses, jeques árabes y ex ministros prófugos de Asia. Los números son escandalosos. Los explica mejor que nadie el periodista David Conn en sus libros The beautiful game? y The football business . En el último ( Richer than God ) cuenta la historia de su club, Manchester City. Habla del ex primer ministro tailandés Thaksin Shinawatra, acusado de violar derechos humanos, que quedó con una ganancia neta de 137 millones de dólares al revender en un año el City al gobierno de Abu Dhabi. El estadio construido en 2002 con dinero público se llama ahora Etihad Stadium. Manchester United no tenía deudas cuando la familia estadounidense Glazer lo compró en 2005. Lo hizo tomando créditos bancarios que transfirió al club, que hoy busca nuevos inversores porque debe 800 millones de dólares. El próximo contrato de 8400 millones de dólares por tres años de la TV es el nuevo queso de la Premier League. La repartición de ese dinero es cada vez más injusta. Enriquece a los más ricos y empobrece a los más pobres. Agranda las diferencias y elimina la competencia. "La Premier League -dice Armstrong- es la quintaesencia del thatcherismo." También se multiplicó el costo de las entradas, cuatro veces mayor que en Alemania, precios imposibles para la clase trabajadora. La liga más televisada y globalizada del fútbol mundial subió paradójicamente el rojo a más de 5000 millones de dólares. Una decena de clubes fue a la quiebra. Más de la mitad pierde hoy dinero. "Thatcher pudo haber dividido opiniones en Gran Bretaña, pero no en el fútbol, que le debe haberlo rescatado de los hooligans y que ahora uno pueda sentarse cómodo y seguro" en estadios que parecen teatros. Lo escribió este martes Jeff Powell, en el Daily Mail, indignado porque Manchester United y Manchester City no homenajearon con un minuto de silencio a la "dama de hierro" en el partido que jugaron el lunes pasado en Old Trafford. "¿Dos equipos del castigado norte de Inglaterra celebrando a Maggie? Vamos Powell -responde uno de los lectores-, no me haga reír?" Ken Loach, director de cine, amante del fútbol y no de Thatcher, sugirió ayer un homenaje distinto: "Privaticemos su funeral, es lo que ella habría querido".



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Hinchas de Ituzaingó fueron a buscar a los jugadores de Alem

Hinchas de Ituzaingó fueron a buscar a los jugadores de Alem, que se resguardaron dos horas en el vestuario. El disparador del hecho habría sido la muerte de un hincha del León, en el 96. Hot...



Lamentablemente, ya no sorprende como debería. Esta vez, no se trató de una pelea entre hinchas y ni siquiera de un cruce con la Policía: los hinchas de Ituzaingó se quisieron meter al vestuario de Alem para atacar a los jugadores y tomarse revancha de un hecho que sucedió hace 17 años. Increíble. Cuando iban 35´ del segundo tiempo (seis antes, Portillo había puesto la ventaja para la visita), un numeroso grupo de hinchas pasó desde la popular local a la platea con la intención de agredir a los futbolistas del Lechero. Ahí, el árbitro Juan Pafundi suspendió el partido y los de General Rodríguez se atrincheraron en el camarín durante casi dos horas. Recién cuando un grupo de efectivos policiales llegó especialmente desde Moreno, el plantel de Alem pudo retirarse, escoltado y con decenas de disparos de balas de goma que sonaban de fondo. El operativo de seguridad contó con tres cuerpos de Infantería y, sin embargo, no pudo impedir que los periodistas terminaran resguardados en las cabinas de prensa y los allegados de Alem, amontonados arriba del buffet. En tanto, en los alrededores de la cancha se produjeron varios encontronazos más entre los hinchas locales y la Policía, que terminó con un patrullero prendido fuego y varios efectivos con lesiones en la cabeza, consecuencia de la gran cantidad y variedad de proyectiles que les arrojaron. Una locura. El prólogo de este conflicto tiene una fecha en el calendario: el 30 de noviembre de 1996. Ituzaingó debía medirse contra Luján y, en el camino, al pasar por General Rodríguez, a los futbolistas del León les apedrearon el micro. Eso provocó la muerte de Carlos Villalba, quien sufrió un fuerte impacto en la cabeza. Según asegura la gente de Ituzaingó, ése hecho fue protagonizado por hinchas de Alem. Ayer, los fanáticos del León se quisieron tomar revancha. De hecho, desde el entorno del plantel del Lechero, le contaron a Olé que en la semana les prendieron fuego el portón del estadio y aparecieron volantes que decían “ni olvido, ni perdón”. Por suerte, esta vez los violentos no tuvieron éxito: no lograron quedar cara a cara con los jugadores visitantes. Antes, se jugó un partido y los muchachos dirigidos por la dupla Ercoli-Cordone sacaron una merecida ventaja, aunque pagaron un precio demasiado alto... En el Oeste, otra vez, hubo agite. Y del feo.

120 barras de Huracán irrumpieron en el vestuario, apretaron al plantel, robaron bolsos y pelotas

En un golpe comando, 120 barras de Huracán irrumpieron en el vestuario, apretaron al plantel, robaron bolsos y pelotas, y cuando se iban rompieron los autos de jugadores y PF. 

La Copa Argentina era historia. Y la chance de cobrar una suculenta tajada del premio por pasar de ronda, también. ¿Cree que hablamos de los jugadores? No, hablamos de la barra, que esperaba recaudar con el torneo federal parte de los ingresos que recibiera Huracán. Pero los penales, en la definición contra Godoy Cruz, dejaron al Globo fuera de competencia y sin los 360.000 pesos para el ganador. Ahí mismo, los 120 barras que habían viajado en dos micros hacia San Juan, decidieron que si ellos no cobraban, lo haría el plantel. Por eso volvieron y fueron directo al Ducó. Al llegar, hicieron inteligencia cual comando de la CIA. Un grupo se quedó cuidando las banderas en los ómnibus, otro ofició de campana y un tercero ubicó como mejor entrada el estacionamiento que está ubicado en Alcorta casi esquina Colonia, a 50 metros de la puerta 4 del estadio: el portón estaba entornado y sin seguridad. Ahí se mandaron 50 pensando en apretar al plantel que, suponían, estaba entrenando. Pero el plan falló; los jugadores que habían vuelto de San Juan ya habían terminado el regenerativo y la gran mayoría ya no estaba. En el césped no había nadie. Entonces tomaron otra decisión: los grandes de la José C. Paz y el Pueblito irían al vestuario y el resto, a rayar los autos de los players más representativos y el cuerpo técnico, al que habían insultado duro y parejo durante el partido contra Godoy Cruz. Al vestuario, poblado de juveniles, entraron 20 barras, varios encapuchados (aunque sin palos, como sugirieron algunos) y a los gritos. Los más pibes del plantel se refugiaron en un rincón y quienes dieron la cara fueron Daniel Islas, Walter Busse y Mauro Milano, los únicos profesionales presentes. El que peor la pasó fue el volante, al que empujaron, le robaron el celular y se le pusieron cara a cara, aunque no llegaron a agredirlo. Al arquero lo rodearon entre varios y le robaron un bolso con todas sus pertenencias, que apareció media hora después bajo la sugerencia de no denunciar el hecho. Al media punta en el vestuario lo dejaron más tranquilo, por ser un hombre de la casa, pero su sorpresa estuvo a la salida: su auto tenía los vidrios rotos, las gomas tajeadas y un bollo tremendo en el capot. Peor estaba el de Busse: habían hecho un haka sobre su Mini Cooper y tuvo que llamar una grúa para llevárselo. Eso sí, al ver el estado en que se lo habían dejado, uno de los capos de la barra lo consoló: “Tranqui, te vamos a ayudar con el arreglo”. Creer o reventar. Otros cuatro vehículos tuvieron roturas, entre ellos el del PF, Hugo Reinaudo. Todo el episodio duró 20 minutos, mientras el cuerpo técnico estaba en el primer piso, en la concentración. Nadie imagina lo que hubiese ocurrido de estar el Chocho en el vestuario, ya que la barra lo tiene apuntado por una cuestión económica: el DT, como debe ser y a diferencia de lo que ocurría en otras gestiones, no tiene arreglo con los violentos. ¿Y la dirigencia? La falta de seguridad de ayer no es indicio de nada. Quien vaya seguido a Huracán sabe que uno no se choca con efectivos a cada paso. Sí es cierto que Alejandro Nadur, el actual presidente, bajó el monto de la cuenta corriente que tenían de la otra gestión y que muchos hombres con poder en Parque Patricios ven, en la actual situación deportiva y financiera, un momento destituyente para dar el zarpazo. Y para eso no dudan en aliarse a la peor lacra de nuestro fútbol: la violencia barra brava. Que ayer, tuvo otro capítulo.

Feroz enfrentamiento entre barras de Colón y la Policía

El conflicto se desencadenó porque buscaban a dos de ellos con pedido de captura, que huían a Buenos Aires. 

Ocho policías heridos, ocho patrulleros dañados y un barra detenido fue el resultado que dejó una descomunal batalla entre uniformados y barras de Colón cuando estos se preparaban para viajar a Avellaneda. Es el quinto episodio en seis meses en el que queda expuesta la barrabrava de Colón (ver Una barra muy …). Al mismo tiempo que la barrabrava esperaba en la puerta del estadio del club santafesino la llegada de los micros para viajar a ver a Colón frente a Racing, la policía seguía el dato de dos sujetos -que no serían barras de la primera línea- con pedido de captura que iban a aprovechar el viaje a Buenos Aires para “esconderse” de la búsqueda policial local. Según pudo averiguar Clarín, el operativo montado para esa detención habría alertado a los individuos sobre quienes pesaba la captura, por lo que optaron por no “mostrarse”. Entonces, ¿dónde se origina el conflicto? La llegada de los micros, estipulada para las 12.30, se demoró. Esto inquietó y molestó al grupo. A eso de las 13.15 llegó un solo colectivo y todos los hinchas se agolparon para subirse. “Al intentar ordenarlos se produjo un conflicto, con pedradas de por medio, donde estos vándalos atacan a la policía y dejan un triste saldo de siete uniformados con heridas de consideración”, explicó el comisario Rafael Grau, Jefe de la Unidad Regional I de Santa Fe. Otra versión indica que la policía intervino ante el robo de la cartera de una señora por parte de los hinchas. Estos habrían huido hacia el colectivo y cuando la policía fue a rescatar el objeto robado se produjo el intercambio y el punto inicial del feroz desenlace. El operativo, que hasta ese entonces contaba con 24 agentes, se cruzó con un grupo de barras . El angosto boulevard de la calle Juan José Paso pareció dividir los bandos: de un lado, los policías que reprimían con balas de goma y, del otro, el núcleo duro de hinchas arrojando piedras. “No descarto que haya habido disparos de armas de fuego entre estos hinchas. No puedo descartar nada”, expresó el jefe policial. Al poco tiempo, llegaron refuerzos del Grupo de Operaciones Especiales y el clima no encontraba paz. Fueron prolongados minutos de un feroz enfrentamiento. Como resultado de la pelea, un solo hincha quedó detenido, ocho policías debieron ser trasladados al hospital de Emergencias José María Cullen con heridas de consideración y ocho vehículos oficiales quedaron dañados. Cuando volvió la calma, las sobras del choque dibujaron un paisaje devastado: cartuchos de balas de goma, piedras y botellas desparramadas por las calles, patrulleros destrozados, gotas de sangre en el asfalto y el aire enrarecido, un clima ajeno a la tranquila siesta santafesina. Los vecinos apenas asomaban sus narices por las ventanas por temor a que la gresca se reiniciara. Por otro lado, los dueños de los micros que iban a viajar rumbo a Avellaneda decidieron no salir; en consecuencia una buena cantidad de hinchas quedaron en Santa Fe sin poder viajar al Cilindro. El presidente de Colón, Germán Lerche, se comunicó telefónicamente con Grau para ponerse al tanto de la situación y a disposición de lo que necesitara. A la hora de los hechos, Lerche y todos los otros dirigentes se encontraban en Buenos Aires a la espera del partido que anoche disputaron Racing y Colón. El jefe de Seguridad en Espectáculos Deportivos de la provincia, Pablo Farías, dijo que “estamos poniendo en foco este tipo de viajes para evitar que determinadas personas se trasladen hacia otros lugares, como estos dos individuos que tenían pedido de captura”. Fuentes judiciales indicaron que la carátula por los disturbios se encuadraría en “atentado y resistencia a la autoridad, lesiones leves y daños calificados”. Todos delitos menores que, de no tener algún otro antecedente, son excarcelables. Anoche, la Policía no descartaba más detenciones por los hechos ya que tenía identificados a varios agresores por los incidentes a través de imágenes televisivas. Esas fuentes indicaron que serían los mismos barras que tuvieron conflictos en todos los episodios anteriores que involucraron a estos con hechos de violencia. Más allá del conflicto de ayer, los hechos violentos que involucran a los barras de Colón se vienen repitiendo con peligrosidad. Tema no menor que tendrán que reconocer y poner en agenda las autoridades correspondientes para encontrarle, al menos, un parche a esta herida que en nuestro fútbol cada vez se abre más.

15 de abril de 2013

La Justicia descubrió que la barra de Vélez tiene un salón en el subsuelo del club

La Justicia descubrió que la barra de Vélez tiene un salón en el subsuelo del club, con alarma y sin acceso al resto. 

Cada día que pasa, la causa por el deceso del barra Diego Bogado le trae mayores dolores de cabeza a Vélez. Si bien hay que esperar el informe toxicológico para tener más precisiones acerca de su muerte, cada paso que da la Justicia muestra el poder que tiene La Pandilla de Liniers dentro de la institución. El día del hecho, ya había llamado la atención que, como informó Olé en exclusiva, Bogado tuviera entre sus pertenencias entradas de protocolo. Y en el allanamiento al club, la división Homicidios de la Federal volvió a sorprenderse: comprobó que la barra tiene lugar propio en el estadio, con alarma y acceso restringido a cualquiera que no forme parte de la jefatura de la Pandilla. El salón se ubica en un subsuelo, al lado de la sala de máquinas y tiene una puerta pesada. Llamó la atención lo que tardaron los empleados del club en abrirlo. El motivo se supo después: la habitación tiene sensores de seguridad y ninguno de ellos tenía el código para desactivarlos. Debieron hacer un llamado telefónico a uno de los hombres de la cúpula de la popu para que solucionara el problema. Adentro, estaban las banderas de la barra, los bombos y otras pertenencias de los violentos. Y si bien no es delito la guarda de esos elementos, dio la idea a la fiscalía de que la barra tiene dominio sobre sectores a los que nadie accede. Por eso piensan que también tenían facilidades para usar como aguantadero la herrería, donde fue encontrado el cuerpo de Bogado. La explicación del club fue que la barra tenía ese lugar por seguridad (“si tienen que traer las banderas desde 20 cuadras es más peligroso”) y que estaba autorizado por la gente de Seguridad en el Fútbol de Capital Federal. Desde esta dependencia negaron tal acuerdo pero dijeron estar al tanto de la existencia de la casa barra, que no fue clausurada ya que no había elementos prohibidos. Con el agua subiendo, el club pidió una reunión con el Ministerio de Seguridad para el martes, donde aseguran que van a pedir ayuda para pelear contra la barra. Si es así, más vale tarde que nunca, Vélez.

Di Zeo: “Ser barra es una profesión”

Sólo El ex líder de La 12 reconoció los nexos con políticos y que fue tentado por el Justicialismo. El sueño de ser presidente de Boca y el caso Migliore.


Rafael Di Zeo sabe qué completa en la planilla que cualquiera que viaja en avión debe notificar acerca de su profesión. Podría ser estrella de rock: a juzgar por sus movimientos antes y después de la entrevista, el ex líder de la barra brava de Boca no anda solo, tiene laderos que lo siguen, como un séquito de guardaespaldas o acompañantes. También podría pasar por futbolista de la Selección argentina: “Después de los hinchas de Boca, los que más me piden autógrafos son los de River”, dirá el hombre que con levantar el teléfono –se jacta– puede juntar dos mil personas. Su ejército es un capital de hinchas que le sirve para coquetear con el poder. Rafa(nadie lo llama por el apellido) toma cafés con políticos, empresarios y hasta habla con Carlos Stornelli, el actual jefe de Seguridad de Boca. Un cóctel de influencias que define su lugar en la sociedad. Di Zeo podría ser político. O podría haberlo sido: “En su momento me ofrecieron un cargo”, revelará.

Locuaz, polémico, héroe para algunos, villano para muchos, dice que ya pagó con la cárcel por sus errores y cuestiona a Mauro Martín y Maximiliano Mazzaro. Uno preso y el otro prófugo, los líderes de La 12son señalados como amateurs por Di Zeo. Y sentencia: “Ser barra es una profesión”.
—¿Cómo te manejabas en Boca con los dirigentes?
—Los dirigentes de Boca y nosotros sabíamos a qué jugábamos. Todos jugábamos al mismo juego. Con Macri no me llevaba ni bien ni mal; me relacionaba con otros dirigentes, que eran realmente los que manejaban la situación. Todos saben el tema de las entradas y los micros. Para cambiar, primero hay que blanquear lo que se sabe.

—No es sólo el tema de los micros y las entradas, el negocio es mucho más grande.
—Cada uno tiene su política y sabe cuál es el negocio que puede hacer y cuál no. Los límites son dos: por un lado hacer lo que te permiten, y por el otro que sean negocios que beneficien al club.

—¿Un ejemplo?
—Tener sólo tres mil cupos de visitante y conseguir diez mil; logramos que otros siete mil socios o simpatizantes puedan ir también a un partido en cancha ajena. El dirigente que tenía que negociarlo no tenía buenos términos con el otro dirigente y yo sí lo conocía.

—Ahí se mezclan los roles.
—No, yo soy yo: el otro es dirigente y yo soy hincha.

¿Tenés intención de volver a la barra?
—No, no.

—El año pasado quisiste.
—Pero no por eso. Mi problema era con estos pibes (Martín y Mazzaro), pero ya está. Muerto el perro se acabó la rabia.

—¿Te juntás con políticos?
—Sí, pero no por una cuestión de Boca. No mezclo, Boca es mi pasión.

—¿Te juntás porque tenés una intención política a nivel nacional?
—Mi intención política es dentro de Boca. Me gustaría ser presidente o vice. De la política nacional me tentaron en algún momento, hace unos años. Pero como mi mundo era Boca no le presté mucha atención. Hoy no sé qué haría.

—¿Quién te tentó?
—El Partido Justicialista.

—¿Quién?
—…

—¿Para ocupar un cargo?
—Para ir en una lista. Después obviamente hubiese ocupado algún cargo. Te repito: en ese momento estaba abocado ciento por ciento a Boca.

—¿Te dedicabas exclusivamente a ser líder de la barra de Boca?
—Y te tenés que dedicar sólo a eso. La hinchada de Boca implica manejar mucha gente. No es fácil llevar dos mil personas por nada. Un político no lo logra. A mí me siguen por convicción.

—Los barras son tipos violentos. ¿Cómo se canaliza ese hervidero?
—Y bueno, ahí está el secreto. Es la profesión que uno aprende en la calle.

—¿Quién tiene la mayor responsabilidad de que haya violencia en el fútbol?
—Si educás a la gente de más abajo, se soluciona. Pero la educación no es ‘ah, como hay quilombo, que no vayan más los visitantes’. Es como que tengas un infarto y te den un analgésico. Así no lo arreglás. A algún cráneo se le ocurrió el derecho de admisión y lo único que hace es crear un problema interno entre las barras. Yo presenté un proyecto a alguien que en 2002 tenía que ver con la seguridad. Nunca le dieron bola. Consistía en blanquear situaciones. También pensé un torneo de hinchadas, en el que había premios y castigos.

—¿Te parece lógico que haya un vínculo entre el barra y el jugador?
—Si está dentro de los límites normales, sí. No estoy de acuerdo con el que va y dice ‘si no ganan, los matamos’. Eso es una boludez. El que te va a matar no te avisa. No conozco a nadie que vaya a matar a alguien y primero le avise.

—Hay jugadores que ponen plata.
—Es un problema de cada uno. Nunca le exigí plata a los jugadores salvo que lo necesitara para algo del club. Si le pedís, quedás atado a que después no le podés decir nada.

—¿Por qué no coreaban el nombre de Bianchi?
—Por que él no quería, nos pidió ni puteadas en las malas ni aliento en las buenas. Los jugadores tienen que sentir que vos estás con ellos y no en contra de ellos. Preguntales a los jugadores de Boca qué clase de tipo les parezco, más allá de la cancha.

—¿Seguís teniendo relación con Stornelli?
—¿Con Carlos? Sí, la relación que pude haber tenido siempre.

—Fue a tu casamiento.
—Sí, obvio. El sabe cómo son las cosas, cómo se tiene que manejar y cómo me manejo yo. No hay que mezclar roles. Yo tengo muy en claro las reglas de la amistad y no las cambio.

—Supongamos que volvés a la tribuna. El es el jefe de Seguridad de Boca y vos serías el tipo que hay que controlar.   —Pero a mí no me tenés que controlar. Controlá a la barra, no a mí.
—Pero vos serías la cabeza de la barra.
—Entonces tenés que hablar con la cabeza de la barra para que lo controle. Ese es el punto. Ahí empezás a mejorar todo. Aún no se dieron cuenta.

En defensa de Migliore: “No lo cuidaron”
Mientras Mazzaro le habría dado señales informales al Poder Judicial acerca de su entrega, Di Zeo se refirió a Pablo Migliore, detenido por encubrimiento. “Alguien no lo cuidó y él no se dio cuenta de la magnitud del problema que tenía detrás”, señaló.
Sobre los detalles del caso, especuló: “El lo conocía (a Mazzaro) a través de nosotros. Por ahí el pibe le dijo ‘tengo un quilombo con la Poli y nada más’. Y vos confiás. Pablo sabía que estaba metido Mauro, pero no éste pibe (Mazzaro). Yo lo conozco a Pablo. El ayuda a un montón de gente que no es conocida y se dedica a otra cosa; ayuda sin preguntar ni mirar”.
Di Zeo le aseguró a PERFIL que está al tanto de la situación del arquero de San Lorenzo por intermedio de “amigos en común”.
—¿Cómo está anímicamente?
—Estar en cana no está bien para nadie. Pablo está en un ámbito que quizás no lo joden, pero adentro tu cabeza camina de otra manera, no estás en la calle.
—¿Lo vas a visitar?
—No, le podría complicar la vida.


La mujer de un capo de la Butteler quedó detenida porque le avisó a Migliore que era investigado. Hot. 

La causa judicial por la cual está preso Pablo Migliore y que tiene su origen en un homicidio que se vincula a la barra de Boca, suma más ingredientes y se pone cada día más interesante. Ayer por la mañana fue detenida Claudia Pacheco, acusada de encubrimiento. ¿De Maxi Mazzaro, dos de La Doce y prófugo estrella de este caso? No. Para la Justicia, Pacheco encubrió nada menos que a ¡Migliore!, detenido, aunque parezca un trabalenguas, por encubrir a Mazzaro. Pasemos en limpio todos los detalles. Según el magistrado Manuel De Campos, la mujer fue quien le envió los mensajes de texto al arquero de San Lorenzo avisándole que tenía el teléfono pinchado, que dejara de estar en contacto por esa vía con el barra prófugo y que se cuidara de la investigación. A primera vista, cualquiera creería que Pacheco es policía o trabaja en la SIDE, dado que sabía todo lo que estaba ocurriendo. Pues bien, la respuesta es negativa y el dato hace más ruido aún: Pacheco es la pareja de Maximiliano Vaccaro, uno de los capos de La Butteler, la barra brava de San Lorenzo. Por lo que la causa ya tiene otro elemento tremendo para la lucha contra la violencia en el fútbol: la comprobación de la relación íntima entre barras y policías, ya que salvo por una infidencia de las fuerzas de Seguridad, era imposible que el tres de La Butteler o su pareja supieran que Migliore tenía el teléfono pinchado. Sí, hot. Pacheco quedó tras las rejas aunque no será por mucho tiempo. Al ser acusada de encubrimiento simple y agravado, mañana será indagada y al no tener antecedentes, el martes recobraría la libertad. Aunque la lupa de la investigación ahora está puesta también sobre la barra del Ciclón, teniendo en cuenta que Vaccaro estaba señalado de ser uno de los violentos que agredió a Bottineli, tuvo durante un tiempo derecho de admisión (fue puesto en la lista por ese hecho pero el club se lo sacó a los tres meses) y es profesor de artes marciales de la institución, cuyos alumnos agredieron con armas blancas a Nicolás Salazar, una de las joyitas de las Inferiores, en febrero del año pasado. Esta historia, que tiene en la sombra a Migliore, no para de asombrar.

 http://442.perfil.com/2013-04-13-208967-di-zeo-ser-barra-es-una-profesion/