17 de diciembre de 2011

Cómo funciona la fuerza de choque de La 12 que responde a Mauro Martín

La obtención del torneo Apertura de fútbol de Primera División, el triunfo de Daniel Angelici en las elecciones del domingo y hasta la incertidumbre que genera el futuro de Julio César Falcioni ocuparon la agenda de Boca en los últimos siete días. Para no ser menos, la barra brava “oficial” –que comanda Mauro Martín– también hizo méritos suficientes como para sobresalir esta semana, a partir de su presunta vinculación con la misteriosa desaparición de Miguel Sofía, un financista de 41 años que habría sido apretado por la facción más dura de La 12, y prefirió ocultarse una semana para evitar cualquier represalia.
El sector más violento y marginal de la hinchada, que hasta hace unos meses lideraba “Mariano”, lleva más de 15 años ininterrumpidos ocupando un lugar privilegiado en el “paraavalancha”, sin importar quién esté al frente de la barra.
A este grupo se lo conoce como La Chocolatada, y es la fuerza de choque de La 12. El sector más violento y “fierrero” de la barra.
Pese a algunas deserciones, esta facción secunda hoy a Mauro Martín porque es quien circunstancialmente (y como antes lo era Rafael Di Zeo) maneja los negocios y prebendas que la dirigencia le “baja” a la barra. Es decir, el dinero que ingresa por las visitas de extranjeros a la Bombonera, el merchandising, los estacionamientos, las concesiones, los porcentajes por transferencias, las entradas para el museo de Boca o para los recitales, más lo que se cobre por “hacer número” en los actos políticos, pintar consignas de campaña, etc. Se habla de cifras que rondan los 300 mil pesos mensuales.
Pero La Chocolatada añade a esas actividades los delitos puros y duros: salideras bancarias, escruches (robo a viviendas en ausencia de sus moradores), robo con armas, acopio de armas de guerra, asaltos a blindados.
Uno de los más duros líderes de la barra brava de Boca, el uruguayo Richard, intentó enfrentarla cuando fugazmente se quedó con La 12 tras arrebatársela a quienes la “cuidaban” mientras Di Zeo estaba preso, y no lo logró. Lejos de eso, La Chocolatada habría sido la responsable de secuestrarle a uno de sus hijos durante algo más de un día.
Además, se sospecha que puede haber sido la responsable del homicidio del oficial de la Policía Federal Gerardo Pucheta, asesinado tras un robo ocurrido esta semana en el barrio porteño de Flores. El efectivo se enfrentó a tiros con un grupo de delincuentes que acababa de asaltar un departamento, una de las especialidades de La Chocolatada.
Pucheta, de 24 años y padre de dos hijos, intervino en el intento de robo en el edificio de Nazca y Paéz. Según fuentes policiales, cuatro sujetos dirigieron toda su furia contra el personal uniformado. Lo que se sospecha es que dos de ellos serían miembros de La Chocolatada.
En tribunales. En el marco de la causa que se inició por la desaparición de Sofía, Mauro Martín y su mano derecha, Maximiliano Mazzaro, se presentaron el miércoles pasado ante la fiscal federal de San Isidro Rita Molina, quien está a cargo de la investigación.
Su defensor, Horacio Rivero, planteó una eximición de prisión para asegurarse de que sus clientes pudieran declarar sin temor a quedar detenidos. Pero Molina rechazó la propuesta en virtud de que no pesaba sobre ellos ninguna imputación por secuestro ni por extorsión, aunque el hijo de Sofía denunció a un hombre apodado “Pelado” como el agresor del intermediario que acercó a Miguel Sofía a La 12. A Maxi Mazzaro, el verdadero cerebro de la actual barra de Boca, le dicen “Pelado”.
La fiscalía registró conversaciones de Miguel Sofía con sus familiares en las que les decía que había fallado en un negocio y perdido todo el dinero que le habían confiado varias personas (entre ellos estarían los barras de Boca) y que prefería alejarse para evitar represalias. Sofía habría acumulado en la última semana varias denuncias por estafa de damnificados por su “desaparición” junto con los pesos que le habían confiado para que los convirtiera en dólares.
Sin embargo, en su declaración el financista obvió referirse a los barras de Boca que estuvieron buscándolo para recuperar un dinero que supuestamente les pertenecía. No obstante, el temor a sufrir algún tipo de represalia quedó de manifiesto a partir de la decisión de otorgarle una custodia policial en un lugar que sólo él y su círculo más íntimo conocen.

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